"Es mi diario. Soy yo desconcertantemente desnuda, rebelde contra todo lo establecido, grande entre lo pequeño, pequeña ante el infinito… Soy yo."
(bitácora del alma)
sábado, 21 de mayo de 2016
martes, 17 de mayo de 2016
herida
soy una piel
herida
palpitante
abierta.
De frente a mi
y no ves
en la profundidad de ésta llaga que soy
el deseo que gotea
sobre las baldosas del bar.
soy una herida mirándote
soy una carne herida y triste
mirándote
reflejándome en tus pupilas cerradas
detenida en el filo de tu silencio
que me corta.
El cuerpo que soy
calla golpeado de obediencia
el ímpetu que brota de mis venas
cuando huele tu carne
tu cicariz
tu sangre.
la herida que soy disimula
bajo las luces rojas del local
y el sol artificial
que tu silencio me hiere
que tu cuerpo me hunde
que es por ti que yo sangro
sangro
sangra de alma el deseo.
herida
palpitante
abierta.
De frente a mi
y no ves
en la profundidad de ésta llaga que soy
el deseo que gotea
sobre las baldosas del bar.
soy una herida mirándote
soy una carne herida y triste
mirándote
reflejándome en tus pupilas cerradas
detenida en el filo de tu silencio
que me corta.
El cuerpo que soy
calla golpeado de obediencia
el ímpetu que brota de mis venas
cuando huele tu carne
tu cicariz
tu sangre.
la herida que soy disimula
bajo las luces rojas del local
y el sol artificial
que tu silencio me hiere
que tu cuerpo me hunde
que es por ti que yo sangro
sangro
sangra de alma el deseo.
Brisa Marina (Stephán Mallarmé)
"La carne es triste, ¡ay!, y todo lo he leído.
¡Huir! ¡Huir! Presiento que en lo desconocido
de espuma y cielo, ebrios los pájaros se alejan.
Nada, ni los jardines que los ojos reflejan
sujetará este pecho, náufrago en mar abierta
¡oh, noches!, ni en mi lámpara la claridad desierta
sobre la virgen página que esconde su blancura,
y ni la fresca esposa con el hijo en el seno.
¡He de partir al fin! Zarpe el barco, y sereno
meza en busca de exóticos climas su arboladura.
Un hastío reseco ya de crueles anhelos
aún sueña en el último adiós de los pañuelos.
¡Quién sabe si los mástiles, tempestades buscando,
se doblarán al viento sobre el naufragio, cuando
perdidos floten sin islotes ni derroteros!...
¡Mas oye, oh corazón, cantar los marineros!"
¡Huir! ¡Huir! Presiento que en lo desconocido
de espuma y cielo, ebrios los pájaros se alejan.
Nada, ni los jardines que los ojos reflejan
sujetará este pecho, náufrago en mar abierta
¡oh, noches!, ni en mi lámpara la claridad desierta
sobre la virgen página que esconde su blancura,
y ni la fresca esposa con el hijo en el seno.
¡He de partir al fin! Zarpe el barco, y sereno
meza en busca de exóticos climas su arboladura.
Un hastío reseco ya de crueles anhelos
aún sueña en el último adiós de los pañuelos.
¡Quién sabe si los mástiles, tempestades buscando,
se doblarán al viento sobre el naufragio, cuando
perdidos floten sin islotes ni derroteros!...
¡Mas oye, oh corazón, cantar los marineros!"
PRENDEREMOS FUEGO AL CIELO - Fran Valenzuela
"Te dejo ir, te dejo ir
Aunque te quiero aquí
Te dejo ir/
llegaste
y tocaste en mí
lo que no conocía
la vida nos separa así
viene
la despedida,
la despedida /
aunque estés tan lejos, lo que no conocía
la vida nos separa así
viene
la despedida,
la despedida /
el cielo
que está arriba mío
que está arriba mío
es el mismo donde estás tú."
sábado, 14 de mayo de 2016
Soy Pan, Soy Paz, Soy Más - Mercedes Sosa
Soy agua, playa, cielo, casa, planta
Soy mar, Atlántico, viento y América
Soy un montón de cosas santas
Mezcladas con cosas humanas
Como te explico cosas mundanas.
Fui niño, cuna, teta, techo, manta
Más miedo, cuco, grito, llanto, raza
Después mezclaron las palabras
O se escapaban las miradas
Algo pasó no entendí nada.
Vamos, decime, contame
Todo lo que a vos te está pasando ahora
Porque sino cuando está el alma sóla llora
Hay que sacarlo todo afuera, como la primavera
Nadie quiere que adentro algo se muera
Hablar mirándose a los ojos
Sacar lo que se puede afuera
Para que adentro nazcan cosas nuevas.
Soy, pan, soy paz, sos más, soy el que está por acá
No quiero más de lo que me puedas dar, uuuuuuh
Hoy se te da, hoy se te quita
Igual que con la margarita igual al mar
Igual la vida, la vida, la vida, la vida.
Vamos, decime, contame
Todo lo que a vos te está pasando ahora
Porque sino cuando está el alma sóla llora
Hay que sacarlo todo afuera, como la primavera
Nadie quiere que adentro algo se muera
Hablar mirándose a los ojos
Sacar lo que se puede afuera
Para que adentro nazcan cosas nuevas
Cosas nuevas, nuevas, nuevas, nuevas
Soy mar, Atlántico, viento y América
Soy un montón de cosas santas
Mezcladas con cosas humanas
Como te explico cosas mundanas.
Fui niño, cuna, teta, techo, manta
Más miedo, cuco, grito, llanto, raza
Después mezclaron las palabras
O se escapaban las miradas
Algo pasó no entendí nada.
Vamos, decime, contame
Todo lo que a vos te está pasando ahora
Porque sino cuando está el alma sóla llora
Hay que sacarlo todo afuera, como la primavera
Nadie quiere que adentro algo se muera
Hablar mirándose a los ojos
Sacar lo que se puede afuera
Para que adentro nazcan cosas nuevas.
Soy, pan, soy paz, sos más, soy el que está por acá
No quiero más de lo que me puedas dar, uuuuuuh
Hoy se te da, hoy se te quita
Igual que con la margarita igual al mar
Igual la vida, la vida, la vida, la vida.
Vamos, decime, contame
Todo lo que a vos te está pasando ahora
Porque sino cuando está el alma sóla llora
Hay que sacarlo todo afuera, como la primavera
Nadie quiere que adentro algo se muera
Hablar mirándose a los ojos
Sacar lo que se puede afuera
Para que adentro nazcan cosas nuevas
Cosas nuevas, nuevas, nuevas, nuevas
miércoles, 11 de mayo de 2016
No sé si eres el amor de mi vida o mi mejor recurso poético.
Un día cogí un bolígrafo
y un folio en sucio,
y estuve cien noches sin dormir
intentando encontrar esas palabras
que me rompieran por dentro
-y poder volver a nacer
una y otra vez-.
Otro día distinto
-o quizá era el mismo-
te conocí
y vi cómo los quinientos caballos de mi pecho
abrían los ojos,
como se abren las flores cuando sale el sol,
y mataban a mi calma inerte
en una estampida violenta.
Tengo un amor compartido
por dos personas
y las dos son tú,
y ninguna eres tú.
Una es inmortal,
me habla y juro que nunca he escuchado su voz,
se multiplica con la nostalgia
como si fuera una tormenta a punto de romper,
da bandazos a la tristeza
con unos ojos tan tristes
que convence a cualquiera de que la tristeza
es una virtud.
Ella solo se queda
lo que dura un poema.
Otra es finita y tangible,
con un cuerpo que comienza cada vez que termina
y un tacto
que no sé si es
nube,
sol
o vacío.
Se despeina cada vez que la beso
y cada vez que intento escribir
con ella delante
se abre de piernas y se traga mis palabras
-así que a mí solo me apetece
mandar a la mierda a la poesía
e ir a buscar mi silencio a sus orificios-.
Supongo
que una eres tú
cuando te vas,
y la otra eres tú
cuando te quedas.
Yo solo sé
que me paso las tardes de invierno
engañándote, amor,
que me paso las tardes de verano
engañándote, musa.
Que te quiero sobre la cama,
que te quiero sobre el papel.
Que si me dieran a elegir
entre el amor y la poesía,
la felicidad y la tristeza,
hacerte el amor y echarte de menos,
tu casa y mi cuarto,
tu sexo y el bolígrafo,
seguramente,
quizá,
probablemente,
os salvaría a las dos
y me suicidaría
en el próximo poema
y en el próximo polvo.
Elvira Sastre
y un folio en sucio,
y estuve cien noches sin dormir
intentando encontrar esas palabras
que me rompieran por dentro
-y poder volver a nacer
una y otra vez-.
Otro día distinto
-o quizá era el mismo-
te conocí
y vi cómo los quinientos caballos de mi pecho
abrían los ojos,
como se abren las flores cuando sale el sol,
y mataban a mi calma inerte
en una estampida violenta.
Tengo un amor compartido
por dos personas
y las dos son tú,
y ninguna eres tú.
Una es inmortal,
me habla y juro que nunca he escuchado su voz,
se multiplica con la nostalgia
como si fuera una tormenta a punto de romper,
da bandazos a la tristeza
con unos ojos tan tristes
que convence a cualquiera de que la tristeza
es una virtud.
Ella solo se queda
lo que dura un poema.
Otra es finita y tangible,
con un cuerpo que comienza cada vez que termina
y un tacto
que no sé si es
nube,
sol
o vacío.
Se despeina cada vez que la beso
y cada vez que intento escribir
con ella delante
se abre de piernas y se traga mis palabras
-así que a mí solo me apetece
mandar a la mierda a la poesía
e ir a buscar mi silencio a sus orificios-.
Supongo
que una eres tú
cuando te vas,
y la otra eres tú
cuando te quedas.
Yo solo sé
que me paso las tardes de invierno
engañándote, amor,
que me paso las tardes de verano
engañándote, musa.
Que te quiero sobre la cama,
que te quiero sobre el papel.
Que si me dieran a elegir
entre el amor y la poesía,
la felicidad y la tristeza,
hacerte el amor y echarte de menos,
tu casa y mi cuarto,
tu sexo y el bolígrafo,
seguramente,
quizá,
probablemente,
os salvaría a las dos
y me suicidaría
en el próximo poema
y en el próximo polvo.
Elvira Sastre
lunes, 9 de mayo de 2016
miércoles, 4 de mayo de 2016
"El era libre, infinitamente, hasta el punto de no sentir su peso sobre la tierra. Le faltaba ese peso de las relaciones humanas que entorpece la marcha, las lágrimas, las despedidas, los reproches, las alegrías, todo lo que un hombre acaricia o rompe cada vez que esboza un gesto, los millares de ataduras que lo ligan a los demás y le hacen sentir que pesa."
Antoine de Saint-Exupery - Tierra de hombres
Antoine de Saint-Exupery - Tierra de hombres
martes, 3 de mayo de 2016
Del otro lado de la cordillera
Amanece. La cordillera, aquel fantasma blanco y omnisciente, se dibuja, nítida, contra el cielo oscuro. "Estás del otro lado" pienso, y el sol ha entrado ya por tu ventana, por tus sabanas y la luz irrespetuosa e infame a tocado ya tu piel. Te imagino recostado envuelto en ese mar de sábanas y pensamientos áridos, tú, solo en medio de tu vació y una pieza de hotel, anhelando unos brazos tibios que podrían ser cualquiera o aquellos, pero nunca los míos, abrazándote y una cabellera que podría ser cualquiera, pero no la mía cubriendo tus ojos. Pienso "la luz ya te envuelve" como te envuelven los pensamientos del día y la conciencia de la soledad que siempre ataca al amanecer. O tal vez no has dormido y has sido victima del funesto insomnio que cuando el alma esta vacía resulta mas funesto y mas agrio que un despertar amargo. Te imagino en esa microscópica habitación de hotel levantándote en medio del murmullo de profundos anhelos y pensamientos. La luz avanza y te va empañando, como si la luz no fuese mas que una mano indolente que se colocara frente a tus ojos, cegándote. En medio de esta confusión organizas tu rutina diaria de reuniones, aviones y check-ins. "Esto me está volviendo loco" me decías y la locura danza entre la luz y las sábanas. Te veo entrando en el ascensor mientras los espejos de éste devuelven tu reflejo: un fantasma y en un intento de supervivencia desesperado la capturas en un autorretrato con tu cámara para no olvidar que existes. Todo esto ocurre del otro las de las montañas, mientras transito por este Santiago aún en penumbras. Pienso en el frío, en este otoño, en los mares que existen sobre las montañas, pienso en ti también y en la luz y en los celos que me provoca ella mientras te toca en esa habitación de hotel. Pienso en el sol que se me priva en esta distancia fría, en este rincón perdido y olvidado donde se encuentra mi alma, en este lugar que esta a la sombra de estas montañas.
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