(bitácora del alma)

martes, 2 de agosto de 2016

Me gustan tus manos. Nunca mi piel se va a perder entre ellas. Me gusta el océano de tu cuerpo, su profundidad, su silencio. A veces cuando no me ves logro acercarme hasta oler tu piel con aroma a sal. Ahora me veo, frente al espejo de mis recuerdos y en ninguno existe tanto deseo como en este presente en donde tu habitas. Ingrato es el amanecer cuando me despierto entre sabanas y brazos que no son los tuyos, así voy ahogando lo que queda de alma, entre otros sudores asesinando mi deseo por ti en otras camas, mientras te busco porfiadamente en el rostro de otros. Porqué tengo que quererte tanto, porque justo a ti que eres el único que se niega a mí. Y pienso en el tiempo: sus horas y segundos resuenan en mi cabeza. El tiempo se descuenta y pienso en lo inevitable: el momento en que dejaré de verte. Las lágrimas se pierden en mi garganta pues no tiene sentido llorar. Mis sentimientos de gestaron en el error. La vida se encausa sola, a mi sólo me queda el dolor. La vida sólo me ofrece este invierno. Mi corazón habita para siempre en él.

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